Nos tomamos un café con el actor y escritor Rubén de Marina

con motivo de la publicación de su segundo libro de relatos,

“La vida no caduca -Nosotros sí-“,

seguros de que hablaremos de muchas más cosas que de literatura,

aunque esa sea la disculpa para este encuentro.

Lo primero que nos puede sorprender solo ojeando el libro es la inclusión de fotografías que van unidas a cada uno de los nueve relatos. ¿Qué nos puedes decir de esas imágenes y sus autores?

Cuando escribí cada historia pensé que como primera crítica hacia mí mismo quería saber cómo lo verían los demás en una primera lectura. Contacté con nueve fotógrafos y remití a cada uno de ellos un relato para que plasmaran en una imagen lo que para ellos supusiera o evocara la historia. Creo que el resultado fue bueno ya que hay trabajos muy bonitos, coquetos, salvajes, directos. Me siento muy agradecido porque creo que lo han hecho con mucho cariño y entusiasmo. Pasó a ser una parte dentro del libro a través de la cual el lector ya puede conectar, o no, con la fotografía y la escritura que van tanto de la mano. Finalmente fueron diez fotografos al incluirse una imagen inicial que representa en sí todo el libro La vida no caduca. En lo que respecta a la portada, diseñada por Marcos M. Puhinger me sorprendió con su propuesta de la silueta con mi cabeza llena de cosas, que es  tal como él me ve.

Tras la lectura diría que los relatos más críticos socialmente son Okupa y Citronnia.

Sí, quizás los más críticos son Okupa y Citronnia. Okupa es una historia muy dura. La gente que lo ha leído me ha dicho de todo. Yo mantengo que es como una película en la que quieres que salgan de ahí ya, pero no va a ser fácil. Creo que es una crítica a los extremos, una lucha entre extremos. Una mujer narra desde el amor, el miedo y el terror cómo se pueden enfrentar dos extremos, y lo que empieza como una gamberrrada se convierte en una noche que hubieses deseado no haber salido de casa, porque igual de donde no sales es de allí.

Y Citronnia me toca de frente. Soy un trabajador de la factoría. Si algo he aprendido de la palabra  factoría es que es un lugar donde las cosas entran desmontadas, por piezas, y salen enteras y funcionando. A mí también me ha hecho funcionar la cabeza para saber aprovechar ese lugar y aglutinarlo todo de tal manera en mi cerebro, que al mismo tiempo que trabajas, puedes pensar queen construir algo más. No he sido universitario pero entre las llamadas universidades de la vida estoy seguro de que se encuentra Citronnia. Es una galaxia que a mucha gente le vendría muy bien conocer, sobre todo cuando escucho y leo a algunos artistas hablar de derechos, de trabajos y de los trabajadores. De ponerse detrás de algunas pancartas y mensajes y tengo la sensación de que no han estado nunca dentro de un lugar así para opinar tan a la ligera. No es fácil levantar una familia y a su vez levantarte y gritar a un jefe cuando de ese lugar y ese grito, depende tu sueldo. Así que creo que las lecciones que a veces se dan desde fuera no son iguales que estar allí dentro. Es fácil ver todo a través de una cortina o cristal, otra cosa es estar dentro y chupar el polvo.

Si algo destaca en muchos de los personajes, que son de lo más variados e incluso variopintos, es la gran influencia que las personas que han pasado por sus vidas, con su presencia o ausencia dejan en los mismos.   

Creo que a uno lo marca todo para hacer su camino. Es duro porque tienes que verte en el espejo y saber de dónde vienes y si has curado ciertas heridas o no. En mi caso no fui un buen estudiante y creerte que no puedes, que no sabes, eso es lo de menos lo importante es saber cuál es el camino que te gusta desde el respeto y la educación. Si no has estudiado una carrera, como en mi caso, ver hacia adelante con entusiasmo y saber que estamos aquí pero que no vamos estar eternamente así que al menos ese viaje que no nos lo pise nadie. Mis personajes lo que intentan es ser sinceros, mostrar la carencia, mostrar la alegría, mostrar el porqué no llegaron a su lugar, el porqué llegaron tarde, el porqué hubieran deseado llegar antes o el porqué lo consiguieron y se subieron a ese trono imaginario que pertenece a cada uno. En un país en el que se sigue primando el chapar o estudiar para tener un gran curriculum vitae, yo defiendo que lo que hay que tener son vivencias, entusiasmo para mostrarnos y crear cosas. Da igual que seas ingeniero o te guste pintar, cuando tú reflejas eso en tu trabajo, la libertad que te has dado mentalmente ayudará  a que todo llegue mucho más.

Tras ese ahora estamos estamos aquí pero en algún momento no vamos a estar, obligado preguntar por el título La vida no caduca -Nosostros sí-

Que la vida no caduca es algo con lo que crecemos, con lo que convivimos. Nosotros sí, nosotros estamos aquí de paso aunque nos cueste pensarlo. Siempre he tenido la sensación de que los personajes que me han gustado de la historia, sobre los que he leído y me han aportado, imaginaba sus vidas pensando que deberían ser eternos. El paso del tiempo hace sus vidas eternas pero la suya como propia se fue. Quería pues darle un pro y un contra al título, y creo que ha quedado reflejado con ese la vida no caduca y nosotros sí.

A través de los nueve relatos descubrimos historias de vidas prácticamente completas, de amor, desamor, oportunidades, esperanzas y hasta bajas pasiones como los celos y la venganza.

Creo en las historias de vida. Para cada uno su vida es la más importante y mis personajes solo reflejan una realidad total. ¿Quién no pasa por la vida dejando su amor, su desamor? ¿Quién no pasa por la vida teniendo problemas graves, mucho más grandes que cualquier ficción? Lo que quiero es que el lector cuando las lea, las haga suyas y sienta dentro de sí lo que es el amor más puro o el desamor más desolador. Las oportunidades fallidas y los brindis que la vida le da para renovarse, e incluso que esas bajas pasiones, como los celos a veces nos atacan y nos rondan por la cabeza, y nos hacen sentirnos seres extraños que no reconocemos en nosotros mismos hasta llegar a la venganza. Quiero que entendamos que no era su intención pero quizás sí eran sus razones.

Aparecen a lo largo del libro multitud de lugares y ubicaciones pero Vigo ocupa un lugar especial.

Sí la verdad es que yo crecí en Porriño, es mi pueblo. Mis padres son de dos aldeas Cans y Atios, y he crecido en el campo rodeado de animales, de amigos fantásticos pero siempre tuve claro que había cosas que me fascinaban de las ciudades, y la primera ciudad que tuve a mano fue Vigo. Le tengo un cariño especial y es en la que vivo en este momento. Considero que Vigo es una ciudad muy particular en muchos aspectos, tanto en lo industrial como en su paisaje. Su geografía es espectacular, es bella. Después apareció Madrid en mi vida que me cambió totalmente, allí apareció Fernando Mistral, mi maestra, que fue la que junto a José Antonio Gómez Municio, me hizo creer que lo que puedes transmitir puede llegar y puede interesar. Así fue como Madrid me robó el corazón, con ellos y junto a grandes amistades que hice y que perduran y me hacen sentirme un privilegiado. Al retornar a Vigo me di cuenta de que es una ciudad que también me ha robado el corazón por dentro, una ciudad en la que la gente le llueve por dentro y disfrutamos mucho del sol, que sale más de lo que en los medios de comunicación dicen. Es una ciudad fascinante porque tiene una historia de desarrollo, de crisis y de malestar. Y de ese caldo de cultivo ha salido arte. El arte no sale de los lugares como la comodidad y el provincianismo más opaco. Es una ciudad que me sigue aportando y aunque algún día no viva en Vigo, como decía Marlene Dietrich sobre Berlín, siempre tendré una maleta en Vigo. Otra ciudad que puedo decir que me ha salvado viviendo en Vigo es Oporto, y la que considero como la capital del noroeste de la península.

En todo el libro las referencias a la música y el cine son una constante.

Pues sí como pasaba en mi primer libro de relatos Bocas Cosidas, nombro mucho cine y mucha música. Francamente no me imagino una vida sin música, creo que todos necesitamos escuchar algo que nos mueva, que nos conmueva o que nos haga botar, ser felices por un instante en un concierto, en un momento a solas… Yo la utilizo para escribir. Puedo escuchar cosas totalmente diferentes a las que después nombro y otras veces no. También puedo entrar en bucle y escuchar una misma canción durante tres horas mientras escribo un relato, y es porque esa canción es como una inyección que me lleva hacia un lugar, hacia un rincón, hacia una calle que no tiene mucha luz pero en la que la lluvia se ve de mejor manera. Y el cine es algo que desde niño he tenido la suerte de disfrutar a través de mi padre que me enganchó. Tener una inquietud de creer y querer saber qué pasaba con esa puerta que se abría en Centauros del Desierto, o cuándo Doctor Zhivago escribía con su pluma en aquel pueblo helado, o cómo llegó a hacerse una maravilla como El cielo protector de Paul Bowles, pensando que a cualquiera le gustaría estar con Debra Winger. Descubrir que en El buscavidas de Robert Rossen, el billar es una disculpa. Paul Newman y Piper Laurie se encuentran para salvarse cuando no saben nadar en tierra firme. O la política que la entendí también por el cine cuando vi JFK de Oliver Stone, con 17 años, y el resumen que hace Donald Sutherland en ella me lo dejó claro para siempre. Creo que el cine es un viaje y que con las bandas sonoras tan espectaculares que tienen grandes filmes, uno es incapaz de que sus letras no fluyan mucho más bonitas y mejor saneadas.

Permíteme preguntarte por Silvederma y la Bella Hortense, que parecen la historia del sí y del no, aunque las percepciones iniciales y finales cambien.

He intentado que todas tuvieran un hilo conductor donde la desazón y la esperanza se fueran intercalando. Silvederma ha sido para mí como enfrentarme a una máquina de boxeo mientras escribía. Tienes que tener un buen juego de piernas y que no te pillen los ganchos de izquierda ni de derecha. Escuché mucha música y el estómago se me achicó por muchos momentos porque me tocaba muy de cerca. Decía Hanif Kureishi que la obra que más le devastó fue Intimidad. En mi caso Silvederma ha sido hasta ahora en la historia que más he sacado hacia fuera algo que tenía enquistado, pero desde el cariño y desde el corazón. Y la Bella Hortense creo que es un homenaje a todos los amigos y amigas que he visto a veces en esa soledad del ring de la vida, como el boxeador que se queda solo cuando pierde aunque gane por puntos. Hay una soledad de saber que no has tumbado a nadie y en la Bella Hortense esa relación de padre e hijo, esas cartas que recibe hace que te des cuenta de que alguien te ha estado admirando toda la vida y tú pensabas que estabas solo. No sé es un grito de esperanza lleno de cariño para una vida que nunca debe pensarse que está acabada cuando eres tan joven y estás lleno de sueños. En definitiva creo que todos tenemos una Silvederma en nuestras vidas y creo que todos deseamos recibir unas cartas como las que recibe el personaje de la Bella Hortense.

Creo que en todos los relatos aparecen sentimientos y situaciones comunes que no siempre se tratan de la manera directa en que tú lo haces

Dentro de cada una de las historias existen situaciones que son necesarias contar. Los amigos que no se entienden pero lo arreglan, los momentos de la vida en los que te das cuenta de que no hay marcha atrás  y tienes que dar un paso hacia el frente. Ahí dentro está toda esa hormigonera que es la vida de cada uno y que todos deberíamos expresarla, ya que ha de salir por algún lugar. Todos tenemos una puerta nueva que abrir cerrando otra. Todos tenemos un montón de cosas escondidas. Hablamos de los demás pero no hablamos de nosotros mismos. Esta válvula de escape que es para mí la escritura supone el oxígeno que le doy a mis personajes para que se liberen, se frustren pero que lo hagan gritando, saltando o  como ellos quieran pero que lo hagan.

En La vida no caduca se relatan historias de encuentros casuales, sobre trabajos buenos y malos, acerca de vivir entre lugares y familias.

Creo que mis personajes están llenos de casualidadaes y causalidades, que son dos palabras muy utilizadas para aclarar a veces cualquier duda. Las experiencias laborales buenas y malas, vivir en otros lugares, la familia de la que procedes o la familia que construyas, te marca determinantemente para tener un carácter y plantearte la vida de una manera u otra. Es un homenaje constante a esas situaciones a través de mis personajes, porque creo que sin eso vivirían encorsetados. Lo bonito es que alguien que viene de una familia clásica, dura y con una educación rancia pueda romper con todas esas costuras, y al contrario. Personas que eran super libertarias y que de repente ves como poco a poco se van convirtiendo en otras personas, básicamente se van aburguesando. Yo siempre creo en las personas, no creo ni en los mensajes políticos ni en los mensajes tan fáciles de dar titulares. Creo que las personas han de medirse por su fondo. Si de ahí no sale algo bueno su personalidad es nefasta.

Qué dirías que contiene este libro y que la gente no debería perderse.

Contiene por encima de todo vidas muy jodidas pero en las que todos quieren salvarse, todos quieren tener coraje y firmeza. Yo creo que a todos nos pasa eso. Todos buscamos el amor, buscamos la pasión. Todos queremos tener un trabajo digno y que nos dignifique. Yo creo en los seres cotidianos. El otro día estuve en un festival de música inmenso como es el Mad Cool y todo el mundo le sacaba fotos a los grupos, yo también, con los amigos, yo también lo hacía pero pensaba durante el festival en que quienes merecían un documental, con buena música de fondo, era el personal de limpieza. En un festival como ese, ves la contraposición de unos divos de la música que se niegan a tocar, y otros que tiene que limpiar para llevar dinero y pan a casa. Ni una mala respuesta viendo a tipos que se olvidan seguramente de lo que cuesta entrar en algunos sitios a limpiar. Esos pequeños héroes cotidianos son los que a mí me fascinan. Saber o imaginar sus vidas a la vuelta, en sus casas, en sus camas comentando: Primero una mierda de música, segundo una gente alterada, drogada y bebida y tercero me pagaron de puta madre, ¡menos mal!

Siendo un escritor autodidacta, ¿quiénes han sido tus mayores influencias?

Bueno me han influido muchos escritores, he leído mucho. Cualquiera que venga a mi casa se da cuenta de la cantidad de libros que tengo y lo que cuesta moverlos en cada mudanza. También mucho cine me ha marcado, grandes guionistas y por supuesto grandes músicos. Nada tiene más poder que la música en directo y eso creo que los políticos lo saben, y les molesta. Como autodidacta he buscado siempre hacer un poco lo que me apetecía. Por suerte los castradores con los que me he cruzado los he soltado hace mucho tiempo. Cuando por fin esas cosas ya las tienes claras empiezas a disfrutrar de las cosas que realmente te movilizan. En mi caso desde Henry Miller, Carver, Capote. En épocas hasta los rusos que me vuelven loco; Dostoievski o Tolstoi o Chejov. Hace poco releía la obra de Svetlana Alexievich, Voces de Chernobil y me daba cuenta de que nadie cuenta las cosas como los rusos. Es como si su corazón fuera una hoguera rodeada de hielo. Cuando algunos me dicen que escribo de una manera intensa, que soy duro, que transformo las cosas en algo hasta angustioso les animo a que lean a cualquier ruso para darse cuenta de que nadie como ellos muestra la crueldad y la pasión. Y por supuesto Hanif Kureishi y Michel Houellebecq. En España he aprendido viendo obras de teatro fantásticas con gente que hace cosas innovadoras, Animalario y Kamikaze por ejemplo. Siempre fijándome, siempre aprendiendo y siempre intentando adaptarlo a mi realidad. El teatro es lo mejor para mí. El teatro polaco y el argentino son los que más admiro. Cuando alguien transforma algo que otro ha escrito y lo hace en directo, no hay nada más potente. Hay actrices y actores que te hacen tiritar de frío, eso es lo más grande. En este país el teatro debería ser una asignatura pero aún vemos la interpretación como un show y no como una forma de ver y comunicarse ante la vida.

También soy un gran aficionado a los deportes y creo que se podrían considerar una influencia más, principalmenete baloncesto, ciclismo y fútbol del que en ocasiones digo que me salva para comunicarme con el 75% de la población.

¿Qué se aprende de la crítica?

De la crítica se aprende todo. Creo que a los que más les cuesta leerte siempre son las personas que te conocen. A mí no me pasa solo con la lectura. Supongo que a las personas que me conocen lo que más les cuesta es leerme, verme en un cortometraje, en una escena o lo que sea. Ellos suponen pues un tipo de críitca de la que aprendes totalmente y que te llega más hondo. Después está la crítica de las personas que no te conocen, que te ven desde otro prisma y eso es mágico. Mezclarlas es como tener un nudo que tú deshaces. Vas colocando como sobre una pared pequeñas etiquetas y aprendiendo para el siguiente proyecto por dónde te han dicho sí y por dónde no. Dónde se han perdido contigo o no se han encontrado. Creo que la crítca es fundamental, desde la más devastadora hasta la que mejor te elogie, eso sí siempre deben ser constructivas. Hemos entrado en un vicio de destruirlo todo fácilmente. Criticarlo todo de una manera sesgadora y así no se va hacia ningún lado. Hay que valorar mucho el trabajo de cualquier persona, nos pueda gustar o no. Hay muchas cosas que no me gustan y no por eso digo que sea una basura, simplemente puedo decir que me llega o no me llega. Creo que hay mucha frustración detrás de esas opiniones que no aportan nada.

Ya que nombras esa crítica y frustración. ¿Qué te gusta y qué no del lugar en el que vivimos?

De este país me gustan un montón de cosas, sobre todo que está rodeado de mar y que estamos agarrados por los Pirineos, como decíamos en el cortometraje de Huellas, que nos han salvado de no ser una isla a la deriva. Me gusta tener sorpresas mágicas como Carolina Guimerans que fue mi mecenas para este libro. Me gusta el aprendizaje que es vivir en un país tan pequeño, y que sea como cien pequeños estados enfadados ya que creo que eso nos enriquece. No me gustan los países en los que todo está correcto y perfecto. Creo que es como si alguien nos estuviese viendo a través de una cerradura. Algo pasa en esos lugares. Lo que no me gusta son las lecciones y los incendiarios baratos. Creo que hay que tener más cuidado cuando se critica a las personas simplemente por sus ideales, por la familia de la que proviene o por el dinero que tengan o no tengan. Por eso te decía que yo creo en las personas. Y mi país me vuelve loco, tanto mi país gallego como mi país español. Me vuelven loco porque creo que hay algo climatológico que lo hace diferente y que somos una isla gigante enganchada a Europa por un trocito de tierra. También me vuelve loco ese país hermano que tenemos pegado que es Portugal y del que los españoles hemos vivido de espaldas a él durante años, décadas, de una manera estúpida. Ahora nos hemos girado, nos hemos dado cuenta de que ahí tenemos un filón para aprender y para disfrutar. Tampoco me gusta que en este país todo se dobla. Es irreal, como un montaje. Hay demasiada gente incriticable en este país y que vive muy bien, demasiado bien, sobre todo en las artes. Artistas de esta tierra y nacionales institucionalizados y no dejan de hablar desde un lugar cómodo y con prioridades. Al final a ellos tampoco les gusta que nadie toque su camino, me imagino cómo serían muchos de ellos en una factoría y me da pavor.

¿Cómo y dónde escribes?

Me siento a gusto en algún café, en casa. Escribo notas en muchas libretas y después las transformo. Soy una esponja y por ello una putada para mis amigos y mis familiares porque les robo sus historias, vivencias, anécdotas, etc. Por volver a combinar la literatura y la factoría, soy como un ladrón de ruedas que no tiene coche, y al final voy encontrando piezas y construyo una historia. No deja de ser casi ingeniería literaria.

Podría preguntarte por muchas de tus frases, esos discursos que a veces se dan los personajes unos a otros. Hay mucho de poética y de bajo fondo con sótano y humedad. A uno cómo se le ocurre una frase como «El desamor es lo más parecido a Chernóbil»

El amor es algo que nos aleja de la realidad y eso nos hipnotiza. No sabemos qué nos pasa pero nos gusta que nos pase. Cuando llega la otra parte, es como un enemigo que no tiene cara ni forma. Es un tortazo de mil kilos que no puedes devolver. Chernóbil para los habitantes que crecieron en la posguerra era el peor enemigo porque no se ve. El desamor de instala dentro y cuesta saber cómo y cuándo se irá. Es como la amistad que también va y viene como digo al comienzo del libro. Los aprietes de seguridad de tu vida son los más difíciles de encontrar pero también son los más satisfactorios.

Y qué nos puedes contar de los próximos proyectos.

Tengo en mente realizar mi primer documental y un nuevo cortometraje. Asimismo estoy ya escribiendo la que espero sea mi primera novela, y como sueño me encantaría llegar a hacer una película. La ilusión me parece tan necesaria como la terapia, fundamental al menos una vez en la vida. Hay gente capaz de vivir y nadar en una cloaca. Yo necesito ver el fondo para nadar y bucear mejor y por eso confío en la luz, el brillo y la magia.

P.D. Mientras nos despedimos Rubén nos comenta que su amiga Elena Baldicci, de 80 años, siempre dice «Leer es lo mejor para luchar contra el insomnio, no los fármacos.»

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