YO, REFUGIADA
el 18/10/2015 en O FEIRÓN DE BOUZAS, VIGO
"Cuando nuestros nietos, de tenerlos, lleguen a nuestra edad, verán películas inspiradas en los días corrientes y se preguntarán, azarados, cómo pudo la generación de sus abuelos permitir tanta barbarie y tanta muerte sin apenas levantarse del sofá. ¿A ustedes no les invade un sentimiento rayano en el bochorno cuando leen sobre los campos de concentración nazis? ¿Nunca se han sentido airados con el género humano al imaginar las chimeneas de los hornos crematorios exhalando cenizas que minutos antes eran seres humanos? Yo me lo cuestiono con frecuencia: cómo es posible que el planeta pasase por alto la muerte, tortura y explotación de millones de personas con tanta impunidad. Entonces razono un poco y caigo en la cuenta de que no soy mejor ni peor que aquellas generaciones. O sí, puede que peor, sobre todo si considero la facilidad con la que se puede acceder en la actualidad a fuentes de información de todo tipo. Lo que trato de decirles es que, hasta hace bien poco, algo similar sucedía con la guerra civil de Siria: sabíamos que estaba ocurriendo, pero no sabíamos qué estaba ocurriendo. Puede que esto que acabo de decirles les suene igual, pero, créanme, no es ni parecido; esa tilde marca una diferencia diametral.

Sin embargo, un día algo sucede: una imagen despierta al mundo de un letargo que duraba ya más de cuatro años. Esa imagen, cual guantazo de realidad, sugiere que no a tantos kilómetros de aquí existe una guerra que es como todas las guerras, absurda en sí misma, y que hay personas muriendo a manos llenas, huyendo con la casa a cuestas, asfixiándose en camiones y durmiendo a la intemperie a las puertas de un continente que reviste su bienestar con concertinas. La estampa en cuestión nos sorprendió en medio de nuestros quehaceres cotidianos: un niño que podría ser nuestro hijo, nuestro hermano o nuestro nieto yacía boca abajo en una playa turca tras escurrirse de las manos de su padre cuando su familia y él trataban de huir en bote de una muerte segura.

Entonces ocurre que a occidente se le atraganta el desayuno. Una civilización que en teoría es símbolo del progreso se siente extraña, nota como un arrechucho de responsabilidad, casi que de culpa, y hace algo que quizá nos salve la cara ante nuestros nietos: reacciona. Y la ciudadanía, al contrario que los gobiernos, se ofrece a ayudar; brinda sus casas, su dinero y sus bienes, y pide que sean más y no menos los refugiados a los que se da asilo. En definitiva, demuestra que, de algún modo, todavía queda humanidad en el género humano, si es que eso significa algo."

por> Carla Faginas

ESTE DOMINGO 18, CONTINUA LA PLATAFORMA #YOREFUGIADO EN O FEIRÓN DE BOUZAS. Más info en www.facebook.com/yorefugiado
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PUBLICADO POR Dot: el 17/10/2015
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